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ASI NOS CONTARON
 

Una travesura en
la San Cristóbal de Antaño

Lo que a continuación se narra fue absolutamente cierto. Yo estuve cerca de los acontecimientos y los viví, así como las víctimas de la travesura y los cómplices del muchacho.
Sucedió en San Cristóbal en 1959. Superaba su población los 90.000 habitantes y, sin pecar de exagerado, casi todo el mundo se conocía o, al menos, se distinguía. El muchacho en cuestión tenía entonces unos 18 años y vivía en el Hotel "Zulia", propiedad de una tía suya y ubicado en una de las esquinas del cruce de la carrera 6 con calle 10, al lado de la tienda de don Ítalo Paolini. Por ser alto, delgado, muy blanco y de caminar erguido recibió desde muy pequeño el remoquete de "Momita" y se distinguía de los demás estudiantes del "Simón Bolívar" por tener mente ágil y presta a cualquier muerganada.

Arrocero como era, no pelaba fiesta en cualquiera de los clubes de los de arriba a los cuales entraba sin ser socio ni invitado, exponiéndose a continuas y vergonzosas expulsiones. Quizás por esto, preparó con saña, alevosía y ventaja lo que sería su venganza: inventó una fiesta de lujo en el Hotel "Tamá" a la que serían invitados parte de los muchachos de los de arriba. Con la complicidad del dueño de una tipografía que quedaba frente al hotel, se imprimieron unas 50 tarjetas de invitación, de lujo, que fueron enviadas por correo. Rebuscando en la guía telefónica de Caracas y en la prensa nacional logró encontrar un nombre que sonaba a burguesía. La tarjeta decía más o menos lo siguiente: "Bolívar Films C.A. tiene el honor de invitarle a una recep ción bailable en el Salón Venezuela del Hotel "Tamá", con motivo del nombramiento del Dr. Jorge Herrera Benedetti como gerente de nuestra sucursal en la Región los Andes, etc., etc. Traje formal, etc., etc".
Imagínense ustedes la emoción de los invitados que soñaban con verse en el noticiero previo a las películas del "Cine Táchira". Como parte de la trama, otro de los cómplices de "Momita", un peluquero italiano -hoy próspero comerciante- cuyo negocio quedaba al lado de "Mi Farmacia", tenía el encargo de hablar maravillas de la ya famosa fiesta tanto en la peluquería como en "La Taza de Oro". La noche de la misma, trabajó hasta tarde peinando a las invitadas. A mi mamá casi no le llegó costura puesto que a sus clientas no las dejaban salir los fines de semana y menos de noche y porque, además, eran de las de abajo. La moda del momento consistía en trajes de tafetán, strapless y falda amplia con armador.
Esa noche, "Momita" lució su "Valher" gris ratón, el único que poseía, y se instaló en la entrada del hotel. Allí fueron llegando poco a poco los invitados, lentamente, con parsimonia, elegancia y pretensión. Con la altanería que los caracteriza, buscaron al portero oficial para mostrar sus invitaciones pero sólo obtuvieron de él una terrible, demoledora, ingrata, pero sobre todo, humillante respuesta: aquí no hay ninguna fiesta. La salida fue violenta y con miradas letales al travieso y feliz muchacho quien era el único que reía. Sólo uno de ellos, que llegó a ministro, amenazó con darle unos pescozones. Hoy las víctimas son abuelos y siguen siendo de los de arriba. En cuanto a "Momita", engordó, se hizo de un nombre y de unas tierritas en la zona norte y es un hombre serio, sólo que sonríe con malicia cada vez que se acuerda de una de las pocas veces que los de arriba perdieron una.

Fuente: Crónicas Muerganas
15-VI-1999


 
 
 
 
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