Sobre Gobiernos de Hombres fuertes - #Tochadasnetve

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ASI NOS CONTARON
 



Los dos gobiernos que mejor hubieron en cuanto al respeto, fueron el gobierno de Gómez y el de Pérez Jiménez sería lo que sería, pero ese gobierno fue muy bueno en tanto hubo respeto. En esos tiempos podía uno dormir en el Camino Real con las faltriqueras llenas de dinero y nadie lo robaba a uno; porque el que se robaba algo ese tenía que pagarlo con un castigo muy riguroso. Y cuando Gómez, la misma cosa; Gómez no admitía relajos, porque al que vivía por ái arrejuntado con una mujer sin ser su esposa, enseguida le llegaba la cita y tenía que cumplirla; se casaba con esa mujer o tenía que retirarla para siempre.
-¿Y por Mucunután pasó eso también?
-Cómo no, aquí el que vivía así vivía apurado, porque Gómez no admitía eso.
-Pero él no fue casado, hubieron muchos hijos de él pero no fue casado – Recuerda Doña Luisa –
- Y dicen que a él le hizo el reclamo el obispo – agrega don Cristóbal -, me contaron que le había hecho reclamo el obispo, porque un Presidente para ganarse el respeto y el honor dentro de la sociedad, pues debía ser casado, y que por qué no se casaba. Y entonces dicen que le dijo que él no se casaba porque no tenía con qué casarse. Y le dijeron que cómo no iba a tener siendo él Presidente de la República.  Y les dijo que eso no era de él, que lo que tenía era de la nación.
- En la novela de televisión – dice doña Luisa – ese Rafael Briseño que hace de Gómez t
rabaja muy bien, ¡y la que hace de la hermana también!
-Yo me vine a enterar hace poco – complementa don Cristóbal – de la cantidad de años  que viene trabajando Rafael Briseño, que no han encontrado hombre todavía con la experiencia de él, que tiene cuarenta años de estar ejerciendo eso.
- A mí me emociona eso – exclama doña Luisa.
-Sí, se divierte uno – dice don Cristóbal.
-¿Así que en general esos tiempos se recuerda como tiempos en que había respeto?
-S´, yo soy uno; que recuerdo que cuando Gómez estaba mandando, yo iba a llevarle la comidita a Cruz mi hermano, que estaba trabajando en esa carretera de la Trasandina. Y la inocencia que había en ese tiempo: cuando se fue Cruz esa llorazón de mamá… y hasta yo mismo lloraría, y todos, pues esa era una cosa que no se había llegado a ver: que tenían que ir obligados a trabajar, a ganar 5 Bs. Por día.

-¿Era un trabajo vigilado por soldados?
-No, tenían unos caporales muy bravos. Recuerdo yo que al caporal en la cuadrilla que estaba el finado Cruz, lo intitulaban e capitán Pérez, era un señor negro y alto, y ¡ay esa cara, Dios mío!, mandaba a los que estaban con aquellos gritos y aquel carácter del bravo. El jefe del trabajo se llamaba Cárdenas, coronel Cárdenas; otro se llamaba Lucena. A ese lo conocí en un pleito de papá. Habló dos palabras con el señor Rafael y después sacó el revólver y le mandó un tiro que le entró por la palma de la mano. Hombre peligroso era ese.
-¿Y por cuánto tiempo los mandaba a trabajar?
-Una semana, una semana a cada quien. Una semana una cuadrilla y entonces el comisario mandaba para la otra semana otra cuadrilla, y el que no podía ir por algún problema, tenía entonces que pagar un peón pa’que  fuera.
- El señor Venancio pagó – dice doña Luisa.
-Sí, pagó; el que no podía ir tenía que pagar. Pero ya después al final de eso más bien iban a ofrecerse voluntarios a buscar trabajo. No había maquinarias en ese tiempo, todo era a fuerza de pico. Dígame usted, de San Antonio del Táchira p’aca, hasta Caracas, ¡hay que ver el pico que echó esa gente! En algunos lugares de pura leña, tenían que trabajar  amarrados… y los caporales allí parados: al que se cansaba tantico y se paraba, lo golpeaban.

Fuente: La vida en una historia Cristóbal Sánchez / Narrada por Germán Wettstein


 
 
 
 
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