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ASI NOS CONTARON
 

Los sueños del abuelo Aurinegro

Silvio Villamizar era un Tachirense que por motivos económicos abandono el país, con el sueño de algún día volver con suficiente para vivir tranquilo entre sus montañas amadas, el tiempo pasó y cada día se envejecía un poco más, dificultándole su trabajo como obrero.
Silvio continuamente hablaba de fútbol desde pequeño su padre Santiago Villamizar, nacido en Rubio, le enseño a querer su tierra y al fútbol, siempre decía que su deseo era volver a ver jugar su equipo del alma que vio nacer y crecer el Deportivo Táchira, a sus familiares continuamente les pedía que le enviaran franelas para usarlas con orgullo en un país tan lejano como lo era España.
La situación económica de él no avanzaba para poder cumplir sus metas, y los años pasaron, una noche Silvio tuvo un sueño en donde hablaba con su madre, donde le decía que volviera y le llevase flores que si no lo hacía le daría “Juete” como en su infancia siempre le decía, con 68 años la nostalgia lleno su corazón y un afán por volver al Táchira le nació, pero no sabía cómo volver, no había reunido lo suficiente para no ser “un estorbo” como siempre le decía  sus hijos.
Todos los días pensaba en volver y reencontrarse con su familia y poder ir a ver a su equipo al estadio como lo hacía cuando era joven junto a sus hijos y a su esposa, quien había muerto dos años antes de él partir para España.

A la semana después de haber tenido el primer sueño volvió a soñarse con su madre persiguiéndolo para pegarle por el patio de su antigua casa materna. Sobresaltado se levanto, la situación se estaba tornando extraña, porque nunca antes se había soñado con semejantes situaciones,  llamó a su hijo el mayor "Gustavo" y le comento los sueños que había tenido y le pidió que por favor mandara hacer una misa en el nombre de su abuela y que le llevase flores, Crisantemos que eran sus favoritos.
Así lo hizo Gustavo, su hijo mayor, a la semana volvió a soñarse con su madre, esta vez estaba llorando en una mecedora.
Eso hizo que Silvio tomara la determinación de volver a su terruño, vendió lo poco que había logrado hacerse en España, llego al Táchira la emoción que sintió era impresionante, lo primero fue a ver a su madre al cementerio, sintió una calma y serenidad, como si su madre hubiese estado contenta de que la visitara.

Al otro día al llegar, su hijo Gustavo lo sorprendió con las entradas para el partido, jugaba su equipo, eso lleno de alegría a Silvio quien se dispuso a lavar y acomodar su franela para el Domingo.
El Domingo llego sin novedad pero para él era un día único después de más de 25 años volvería a ver a su equipo, quien había cambiado muchas veces  de uniforme, colores, logo y hasta nombre. Pero era su equipo, quien con su padre e hijos solía ir a ver, incluso llego a viajar para verlo jugar en otras locaciones.
Silvio entro a ese estadio lleno de colores amarillo y negro, algarabía, emoción, sus dos hijos lo acompañaron celebrando el regreso de su padre quien durante tantos años los había ayudado y había visto de ellos desde lejos y a quienes nunca llego a dejarlos desamparados.
Silvio se sentó y disfruto del partido junto a su familia recordó momentos memorables  y el lazo
que había creado él con el futbol, su hijo Gustavo, había heredado su amor por el deporte tal cual como su padre, entretenidos sus hijos no se percataron del silencio de su padre, al terminar el partido salieron alegres ya que su equipo había ganado, al llegar a la casa y al bajarse se percataron que su padre no se bajaba, al mirarlo supieron que había muerto. Silvio llego a su amada Tierra justo a tiempo, su madre cuido de él hasta el último momento en sus sueños.

Fuente propia Tochadas.net
Testimonio oral: Gustavo Villamizar  M.



 
 
 
 
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