Las campanas de Lobatera, La voz de los espíritus de bronce - Copiar - #Tochadasnetve

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ASI NOS CONTARON
 

Las campanas de Lobatera:
La voz de los espíritus de bronce

Al trazar la historia de las antiguas campanas de Lobatera, los senderos del mito y del trabajo con rigor científico, convergen por vez primera en un juego de luces y de sombras sobre las más recónditas reminiscencias de nuestra memoria.
Viene el recuerdo, evocador de tiempos pasados y con él los últimos matices del atardecer en un espacio que, si bien está ahora contenido en el vacío, fue una vez la casona grande de mis abuelos.
Allí, sobre ese espacio reedifico una vez más mis juegos infantiles en torno al zaguán, patio, jardines, columnas y corredores que se levantaron sobre gastados enlosados de ladrillos viejos.
El aire, que pasa sin obstáculos por las ventanas y se adentra en la casa, trae el sosegado tono de la voz de la abuela quien en la espaciosa sala conversa con Don Florentino, sobre olvidadas faenas de la zafra y la molienda.
De repente, un doble de campanas silencia la conversa. Le sigue el constante repicar de una campanilla de plegaria que languidece.
– «Requiem aeternam dona eis, Domine», rezó la abuela.
- «Et lux perpetua luceat eis», contestó Don Florentino.
Luego, como repitiendo las palabras de Hemingway, preguntó ella:
- «Por quién doblan las campanas».
- «Pudo ser por Severiana la mujer de José Labrador, me contaron que se puso mala después de la dieta», respondió Don Florentino.
Y así, en un ir y venir de nombres y detalles, la conversación se encausó hacia las campanas viejas.
- «¡Qué sonoras y vibrantes son las campanas de Lobatera!», manifestó la abuela.

De inmediato Don Florentino, de pie, algo encorvado por los años pero pleno de aquella sabiduría que da la experiencia, mirando hacia la torre por entre los herrajes de la alargada ventana que daba a la plaza, le contestó:
- «¡En el corazón de bronce de esas campanas, vive perennemente el espíritu de nuestra tierra!».
La abuela, si bien quedó un poco intrigada por tan enigmática respuesta, dejó que Don Florentino hablara:
-«Contaban mis nonos, en aquellas noches a la luz de la luna llena, que las campanas de Lobatera fueron hechas en una fragua próximas al camino del Cementerio. Cada vez que encendían la misma para vaciar el bronce, poderosos vientos que bajaban de Monte Grande y Potrero de las Casas apagaban el fuego. Una y otra vez lo intentaron, una y otra vez se apagaba.
Un anciano arriero que a diario transitaba por el camino entre La Cabrera y el pueblo, se detuvo y les dijo: ‘¡Conjuro y exorcismo!, ¡Conjuro y exorcismo con eso!’. Asombrados quienes fundían, por tan raras palabras, se acercaron y le preguntaron qué significaban. Él les contestó: ‘El espíritu de las montañas que ha vivido y susurrado aquí por siempre, no descansará tranquilo hasta que su voz se funda y se libere en metal sonoro’. Luego, les explicó qué debían hacer: triturar una hoja de Díctamo real sobre el cobre derretido, lo conjurará; la plegaria de un sacerdote sobre el bronce ya batido, lo exorcizará’.
Así lo hicieron y los carbones avivaron la llama templando el bronce de tal manera que, al martillar el metal caliente sobre la piedra, repicaron con fuerza en prolongado, sonoro y susurrante sonido que cubrió todos los valles, quebradas, montes, ríos y peñascos de Lobatera».
Fuente: http://www.bitacorasamisan.blogspot.com


 
 
 
 
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