La novia de Bolívar, La Reina Bolivariana... - Copiar - #Tochadasnetve

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TACHIRENSIDAD
 

La novia de Bolívar,
La Reina Bolivariana…

Ada Matilde del Carmen Borrero, quien desde la campaña electoral de 1988, en un acto proselitista del candidato Carlos Andrés Pérez. Alguien, tal vez por jugarle una broma, le colocó una banda y unas flores. La buena mujer, en sus desvaríos mentales, comenzó a creerse “la novia de Bolívar”, y se autodenominó como tal, “la Reina Bolivariana”.
El ostentoso título fue escudo para encabezar los desfiles de feria, los que años atrás protagonizaban “María Bonita” y “Muela e’ Gallo”. La “Reina Bolivariana” empezó a aparecer en cuanto acto oficial se realizaba en la Plaza Bolívar. Pasadas las horas recogía unas cuantas flores de las coronas ofrendadas para renovar su ajuar, su indumentaria de uniforme azul. Hizo del centro, su hábitat. Ya cansada, se montaba en el transporte público para ir a su humilde morada del Barrio El Paraíso, y enfrentarse a un hijo vicioso y un vecino cruel que se apropió de sus terrenos, además de golpearla e incendiar su rancho. En la miseria vivió sus últimas décadas.
Decía ser oriunda de Colón y haber ejercido como enfermera y comadrona. La vida le jugó una mala pasada y salía de su casa, con su “regio uniforme”, cuyos familiares repudiaban, e iba en búsqueda de una limosna, de un plato de comida, de una sonrisa. Como lo hiciera con otros personajes de la ciudad, monseñor Nelson Arellano Roa, también dedicó sus líneas a ella, diciendo que “viste arreboladamente. En el pecho una orquídea y una gorra en la testa. La bandera nacional es su distintivo. La lleva inmancablemente en la mano. Su admiración es el Libertador Simón Bolívar. Sueña con acciones épicas, con discursos, con proclamas, con liberación de pueblos. A su manera va predicando el ideal bolivariano. Yo soy la Reina Bolivariana, dice, enseña el tricolor nacional, pronuncia algunos pensamientos del Libertador, y sigue adelante con donaire portando el cántaro de sus ilusiones”. El sacerdote consiguió para ella un albergue en la Casa Hogar Medarda Piñero en 1998, pero la vida tormentosa de su hijo adoptivo la hizo volver al infierno de su morada.
Su itinerario era salir a las once de la mañana de El Paraíso. Una periodista dijo que se cubría el cabello "con un velo blanco adornado con grandes rosas rojas y lazos azules. El cuello rebosa de rosarios, las manos de anillos y las muñecas de pulseras de cuentas. Los labios destacan con un profundo carmesí". Fue feliz cuando en un desfile ferial, la concejal Mónica de Méndez consiguió para ella una carroza especial, y vivió horas singulares en su trono efímero. En las calles de la vertiginosa ciudad fue atropellada por un vehículo y en su rancho sufrió una caída. Con más de 82 años de edad, su angustiosa vida llegó al final en el Hospital Central , el domingo 14 de septiembre de 2003 falleció. Desde Lara vino su única hija, casi menesterosa, mientras tanto, los vecinos le rindieron un decoroso velatorio en la capilla de El Paraíso. La Alcaldía le brindó en el Cementerio Metropolitano una tumba a su dignidad de ser humano, a su fantasía que la convirtió en el último personaje típico de San Cristóbal. Apenas un rostro aproximado, casi una caricatura, refleja sus sueños en la galería de la Terminal de Pasajeros de la Ciudad.


Fuente: http://www.sofitasa.com


 
 
 
 
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