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HISTOCHADAS
 

La Informática llega a la Vuelta al Táchira 1985

En 1984 ninguna competencia ciclística oficial de nuestro continente procesaba sus datos de tiempos y puntos para las clasificaciones con computadoras, todo era manual. A mediados de año el entonces Presidente de la ATC, Prof Williams Marcano, y el gerente de una empresa comercializadora de computadoras, y ramos conexos, iniciaron una serie de conversaciones y consultas que culminaron en un convenio para que FM Sistemas (Dirigida por Ingeniero Civil Fernando Moreno Arias), elaborara los programas y se ocupara del procesamiento durante toda la competencia, elaborando los boletines de cada etapa y el informe final. Fué la primera experiencia de este tipo en América.
A mediados de 1983 había comprado una Sinclair ZX-81 (8 k de memoria, 7 en RAM y 1 en ROM, BASIC simplísimo residente en ROM, para conectarse a un televisor a la manera de los primeros Atari), y encontraba apasionante el descubrimiento de los elementos de la nueva disciplina. En Enero de 1984 me compre una computadora mas "potente", pues ya programaba en BASIC y visité el stand en el complejo ferial de una nueva empresa F.M. Sistemas. El equipo que aspiraba, una Commodore C-64, no les había llegado pero me invitaron a visitar sus oficinas en 15 días, lo que en efecto hice y pude comprar el equipo y una impresora FX-80. Luego, cada dos o tres semanas los visitaba para comprar revistas, programas y ver accesorios, nació la amistad. Paralelamente mejoraba los conocimientos de historia de la informática y especialmente lógica y algoritmos. Poco después el Ingeniero Fernando Moreno, Gerente de la empresa, reunió al personal e informó que se estaba conversando con el Presidente de la ATC, para canalizar un convenio que permitiese procesar las clasificaciones de la Vuelta al Táchira con computadoras. El modelo a seguir, el Tour de Francia. En esto fueron especiales referentes los narradores de ciclismo tachirenses que ya habían trabajado o acompañado el Tour, o que lo conocían bien. Recuerdo a Guillermo Villamizar, Carlos Alviarez Sarmiento y a Luís Alfonso Ramírez. Ya en Noviembre eran habituales las reuniones y conversaciones con los ya mencionados, con Ramsés Díaz León, con Jairo Dávila y su hermano Manolo Dávila.

Internamente se descargó la responsabilidad en el Ingeniero Marcos Torres, inteligente profesional que para la época estaría en los 21 años, señalaba que su deporte preferido era el beisbol, que de bicicleta solo sabía que tenían una o dos ruedas y hasta allí. Esta confesión servirá para valorar en el mayor grado el trabajo que hizo, pues cuando se le comisionó, no sabía que eran sprints, premios montañas, bonificaciones, regularidad, individual, general, o sea desconocimiento total. Ante la reiterada manifestación de desconocimiento del Ing. Torres, fue contratado un joven antioqueño, Fernando Zapata, quien falleció en un accidente de tránsito unos años después de la vuelta, y que conocía todos los elementos formales e informales del ciclismo. Aunque no es del caso recordar nombres en particular, hubo personas que suponemos bien intencionadas que nos señalaron la imposibilidad de que en el Táchira se lograse antes que en los Estados Unidos y Colombia, incorporar la computación a la vuelta. Como se puede superar aquí la tecnología norteamericana?, como vamos a superar la experiencia de Colombia?, preguntas acompañadas de argumentos pesimistas.
Lo que sucedió en la Vuelta del 85, no es muy conocido para los que ven pasar los ciclistas o leen el resumen de la etapa al otro día en el periódico. A medida que se acercaba el momento de la partida, que sería un prólogo de pocos kilómetros con llegada en el Velódromo, se aceleraban procesos paralelos y se incorporaban diferentes personas e instituciones que generaban necesidades diversas. En los meses anteriores cada semana conocíamos algún nuevo protagonista o relacionado, la semana anterior a la partida cada día eran decenas.

Y naturalmente la mayor novedad era la computación. En aquellos días se combinaban la alegría y la sorpresa de tener el procesamiento electrónico y el escepticismo de que San Cristóbal pisara primero ese campo, antes que nadie en Venezuela, antes que nadie en América. Se pierde la cuenta de los programas de radio a los que se asistió, y las ruedas de prensa que se atendieron. Los primeros días en el velódromo fuimos el centro de atención, foco de las miradas y fuente de susurros y comentarios.
Internamente, la primera semana de aquel 1985 era sumamente exigente. El único patrón de comparación que se tenía era el Tour de Francia y nosotros con dos computadoras Epson QX-10 (una era el “repuesto”), debíamos acercarnos lo más posible a ese nivel. La QX-10 ofrecía características que hoy mueven a la risa o a la incredulidad, aquella modesta Epson ofrecía dos unidades de disco flexible de 5 ¼ con 256 Kilobytes cada una, total 512 Kilobytes.

El gran enemigo esa primera semana era un intenso stress derivado del altísimo patrón de comparación del Tour, las limitaciones del hardware a usar y la inexperiencia. Pero se venció gracias a factores internos y externos. Quien escribe tenía 31 años, todos los demás eran menores de 30, y creo que menores de 25, incluyendo al Gerente. Ese fin de año se sacrificó descansos y celebraciones típicas de diciembre.
El día del prólogo fue fatal. Hoy, más de 25 años después todavía no sé qué pasó. El programa tuvo una falla en la presentación impresa, en el resultado. Eran aproximadamente 100 ciclistas y cuando se imprime el resultado, los últimos 5 salían desordenados, desconfigurados. Se hizo, se deshizo, todo lo que pareció factible se intentó y no se logró resolver. El Prólogo se corrió al final de la tarde y el boletín se repartió en la noche y a primera hora de la mañana debido a la falla. Como no afectaba el cálculo de resultados y clasificaciones, prácticamente solo se definía la camiseta de Líder, el asunto tuvo más efecto moral que otra cosa. Esa noche se trabajó hasta la madrugada buscando la falla y no apareció.
En los meses anteriores se hicieron pruebas y cálculos para imprimir todos los boletines con 3 o 4 impresoras de cinta trabajando simultáneamente pero se tuvo que descartar, se tendrían que fotocopiar. Así que el equipo de computación recibió un encargo más: reproducir los boletines, eran más de cincuenta y había que reproducir y guardar otros tantos para la memoria o informe final del último día de competencia. Los primeros días eran unas 10 páginas por boletín, pero a medida que se alargaban las clasificaciones se iban acercando a las 20 páginas cada uno. El Prólogo se fotocopió en las oficinas de FM Sistemas y se repartió en los diferentes alojamientos de San Cristóbal.
La primera etapa fue el circuito de las Avenidas España y 19 de Abril. Muy temprano nos sacudimos el cansancio acumulado y el trasnocho anterior pues en esta primera etapa ya aparecerían Clasificación de la Etapa, Clasificación General, Metas Volantes, Mejor Extranjero, Mejor Joven, Diferencias en Tiempo y cómputos en puntos, entre otros procesos. Cuando llegamos a la zona donde tradicionalmente se establece la partida y la llegada hubo cierta confusión sobre donde ubicar nuestros equipos y terminamos en un kiosko metálico de los que se usan para vender refrescos colocado en la acera frente a los Pabellones de Exposición (llamados Venezuela y Colombia). Todos habíamos pensado que la logística la había resuelto alguien y no había nada previsto. En tiempo record nuestra gente resolvió la alimentación eléctrica y el mobiliario. Lo que no se resolvió fue la presencia de un sol sahariano que convirtió el kiosko en un horno solar. Además de las consecuencias en quienes tuvimos que someternos a las altas temperaturas, la computadora se apagaba cada rato pues ellas necesitan para trabajar temperaturas máximas de aproximadamente 20 º Centígrados y allí se acercaba al doble. Así que en la primera etapa, aunque no tanto como en el prólogo, hubo demora pues se tuvo que terminar el trabajo y la reproducción en la sede de la Empresa. Pero la buena noticia nos la dio el programa que se había elaborado pues los cálculos fueron correctos y la presentación no presentó inconvenientes. Al entregar los boletines le manifestamos a los que creíamos podían resolver, prever una mejor instalación para los equipos en la segunda etapa y nos fuimos a descansar.
La siguiente etapa era de San Cristóbal a Táriba, después de una serie de “travesías” en carreteras cercanas. Cuando arribamos a la Basílica de Nuestra Señora de La Consolación y buscamos donde trabajaríamos nos llevamos una sorpresa. Nos señalaron otro kiosko de refresco ubicado en la esquina media cuadra después de la línea de llegada. Pero en ese momento, antes de iniciarse la Etapa en San Cristóbal, en Táriba no había nadie que nos diese alternativa. Como vivo en Táriba, a dos cuadras de la Basílica, habilitamos una gran sala de comedor que había en mi casa, mas de 35 mts 2, y allí se instalaron la computadora del sistema, la de “repuesto”, la fotocopiadora y los insumos. De esta solución “alterna” salió algo bueno. Como era “mi” casa, tuve la posibilidad de controlar quien accedía, quien franqueaba la puerta, y eso permitió trabajar sin demasiadas interrupciones. Hay que decir que, aún cuando hoy no recuerdo las razones, no se cumplió la fase de pruebas antes de la Vuelta como se había previsto. Originalmente todo se probaría en la Vuelta a Bramón, la parte oficial trabajaría manualmente pero nosotros haríamos un “procesamiento fantasma” solo para pruebas y ajustes. Como no se hizo así, las pruebas y ajustes fueron en las primeras etapas. En Táriba el proceso volvió a funcionar correctamente, pero aun nos demoramos más de lo previsto en la entrega del boletín.
La tercera llegada era San Juan de Colón. Se previó llegar con anticipación, pero no lo suficiente, hubo que apresurarse para montar los equipos y lo logramos por poco tiempo. El sitio de procesamiento, la sede del liceo Militar 4 de Agosto. Nos recibió un oficial que había sido encargado para coordinar y se desempeñó. Volvimos a contar con la ventaja de un acceso controlado, esta vez por la GN. Nuevamente mejoramos la velocidad de trabajo pero sin alcanzar el tiempo previsto que era media hora para introducir los datos e imprimir el original del boletín que se fotocopiaría. Nuestro tiempo empezaba a correr desde que terminaban las deliberaciones de los comisarios, que seguían un libreto reglamentario y su duración variaba.
Al otro día la etapa llegaba a La Grita, mientras la caravana daba la vuelta al Circuito de carreteras de La Fría, Orope y Coloncito. Así que esta vez llegamos a tiempo al lugar de trabajo, el Liceo Militar Jáuregui nos recibieron efectivos del Ejército. En La Grita las cosas funcionaron aún mejor y ya comenzábamos a entender la complicada coreografía de la Vuelta, sin tener que tropezar o incomodar en cada paso que dábamos. Como fue nuestra primera etapa en carretera propiamente dicha, pagamos novatadas. En las siguientes etapas, llegadas en Tovar y en Mérida, las cosas funcionaron muy bien y en esta última ciudad se logró entregar el boletín en los tiempos previstos.
Casi nunca vemos la carrera, tomamos carretera antes de la voz de partida, llegamos al final de la etapa una o dos horas antes que los ciclistas, buscamos quien nos lleve al lugar donde instalaremos los equipos, como es la primera vez que se hace proceso digital hay inexperiencia de los Comités Organizadores de las diferentes localidades. En alguna ciudad nos ubicaron en un restaurante/bodega/bar, buscamos unas cuerdas y “aislamos” la zona de proceso. Pero cada vez que arrancaba el motor de un refrigerador, la baja de tensión disparaba los reguladores de voltaje, requirió mucha diplomacia convencer al dueño de apagarlos por una hora. Luego tuvimos que retirarnos para fotocopiar los boletines para la memoria final y no había previsiones de un lugar apropiado. La solución fue instalar en una de nuestras habitaciones la fotocopiadora, quitando el colchón de una cama y usando el bastidor como mesa improvisada. En cambio, al llegar a Mérida, nos ubicaron en un gran hotel y dieron instrucciones a dos mesoneros de mantenernos abastecidos.
El área que nos reservaron tenía, además de suficientes mesas y sillas, un juego de sofá y butacas muy cómodas. Al llegar a cada ciudad había que sacar de sus cajas las computadoras y solicitar una mesa apropiada para ella, lo mismo con la fotocopiadora. Nuestro electricista, el TSU Carlos Sánchez, hacía milagros diferentes cada día. En algún sitio el enchufe más cercano estaba a 20 mts de distancia, en ninguna parte había tomas de tres patas, con tierra, y Carlos armaba cada día un juego de extensiones diferentes pues normalmente el sitio de donde “sacaba” la tierra estaba distante del enchufe. Los cables eran fijados al piso con “x” de tirro. Antes de instalar se comprobaba el amperaje y el voltaje disponible y se averiguaba donde estaban los breakers, la cuchilla o fusibles y tomar previsiones. La computadora de repuesto se dejaba lista al lado de la principal para una rápida sustitución en caso de falla (nunca se necesitó). Se tenía cerca un regulador de repuesto, y se cuidaban celosamente los diskettes y las carpetas de notas. Cerca estaban también el papel continuo para la impresora, las resmas de papel para la fotocopiadora, las cintas de repuesto, el tonner, la caja de herramientas y un radio con alguna emisora local que retransmitiese alguna transmisión en vivo para estar alertas.
Los datos llegaban escritos a mano y generalmente un miembro del personal técnico se sentaba al lado de Marcos Torres quien operaba el computador mientras se le dictaban los números. Apenas se terminaba cada clasificación, se imprimía y era revisada, luego se enviaba a la fotocopiadora y se iba organizando para hacer fácil la compaginación y engrapado. Al terminar se volvía a colocar todo en las cajas y se repartía en nuestras habitaciones pues no era seguro dejarlo en los carros o en donde se había trabajado, los conductores hacían chequeos a las dos camionetas, los que podían buscaban algún teléfono público para reportarse a casa, al Gerente de la Empresa, y otros atendían invitaciones a los programas radiales de las 6 o 7 de la noche. Todos los días sin excepción, el Comisario de la UCI, los directivos de la ATC y otros comisarios, pasaban e intercambiaban opiniones sobre nuestro trabajo, lo monitorizaron de cerca pero de la manera menos invasiva. Antes de acostarnos, se hacían ajustes al programa, se hacían reparaciones menores o se desarmaban las conexiones eléctricas y se planificaba el trabajo del día siguiente. No tuvimos tiempo de pasear ciudades ni de ver la carrera, y solo cuando la meta estaba muy cerca de donde estaban nuestros equipos, pudimos ver alguna llegada. Si lográbamos dormir antes de media noche nos sentíamos afortunados.

Fuente: José Ernesto Becerra Golindano/http://vuelta85.blogspot.com/

 
 
 
 
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