Jueves y Viernes de la Semana Mayor en San Cristóbal - #Tochadasnetve

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Jueves y Viernes de la Semana Mayor en San Cristóbal

Como en todas las ciudades venezolanas, la Semana Santa en San Cristóbal reviste singular esplendor y magnificencia y constituye uno de los imborrables recuerdos de nuestra infancia que perdura a través de años y años.
San Cristóbal tiene dos iglesias principales: la Catedral, que antes se llamaba de San Sebastián, y la de San Juan Bautista, denominada La Ermita.  Han surgido otros oratorios de no escasa importancia, tales como Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el de San José, la capilla de San Antonio, que el Padre Valecillo se empeño en rebautizar con el nombre de Nuestra Señora de Coromoto, y otros más.
Los grandes días de la Semana Mayor  son el jueves y el viernes Santo. La gente anda de arriba bajo haciendo la tradicional visita a los monumentos y durante la noche, cuando éstos lucen con todo esplendor  y belleza, las visitas se multiplican. El jueves por la mañanita se barre y se limpian las casas desde el corral hasta la puerta de la calle, antes de que mueran o enmudezcan las campanas, porque hasta el sábado de gloria será cuando podrá usarse de nuevo la escoba hogareña. Antes de la misa del jueves repican las campanas para luego "Morirse", como decíamos cuando éramos pequeños. En la tarde del mismo jueves a las 3, se lleva a efecto el lavatorio de pies y los templos se ven colmados de fieles sudorosos. La ceremonia del lavatorio se hace en la Catedral con ancianos y en la Ermita se hacían antes con niños, no sabemos ahora como es la cosa. A los niños les regalaba el padre Maldonado un bolívar y un pan de los que fabricaba don Manuel Rujeles. Durante la noche del jueves santo se efectúan conciertos de música Sacra en los templos hasta las 10 de la noche.

El viernes Santo, predomina el vestido negro. Las damas visten de negro también. En la Procesión Mayor que trae la Hostia del Monumento y las Matracas resuenan junto con la música en todo el ámbito del templo. Al terminar la ceremonia no es raro ver a muchos caballeros con sus trajes manchados con goterones de cera, gentil obsequio de sus vecinos de procesión portadores de cirios y velas.
Después de las siete palabras viene lo que le llaman "las tinieblas". Hay apagones  y las ramas del altar se agitan para simular el terremoto que hubo a la muerte de Cristo. Se verifica el desenclavamiento y el Cristo es colocado con respeto y devoción en el Santo Sepulcro.

Empieza a organizarse entonces la procesión y delante de ella va un hombre con una horqueta larga para alzar los cables del alumbrado que atraviesan las calles, a fin de que la Cruz quepa por debajo. Los cables, en su mayoría, se rompen y esa noche de viernes Santo se multiplicaban los apagones en las casas y en las calles. Delante de la Virgen va otro hombre con otra horqueta y para no ser menos que los de adelante, procura romper los cables que aquellos han dejado todavía buenos…
La procesión recorre las principales calles de la ciudad, pero sin trasponer los límites de la respectiva parroquia. Al acercarse de regreso a la iglesia, la gente corre a ocupar puestos para oír el Sermón de la Soledad.

Fuente. Anselmo Amado / Así era la vida en San Cristóbal.





 
 
 
 
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