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Foto Dana 60 años de historia en fotografías

En marzo del 40, el fotógrafo checo Stanislaw Cekota instaló el primer estudio fotográfico de la ciudad. Desde lo más exquisito de Caracas hasta políticos, militares y religiosos, fotos para el recuerdo y la nostalgia, se hicieron con maestría y paciencia
"Cuántas cosas Caracas va perdiendo, con el tiempo van desapareciendo..." cantó Billo Frómeta al amolador. Es una realidad que las marcas culturales del país han ido mutando hasta llegar a su desaparición total. Mientras otras ciudades latinoamericanas pueden hablar de su pasado, de sus raíces, Caracas sólo puede decir que cada vez más se parece a Metrópolis, por nombrar cualquier urbe de ficción y fantasía, identificada con la modernidad y el progreso.
Dentro de esas cosas que ya la ciudad perdió está Foto Dana, acaso el primer estudio fotográfico profesional establecido en Caracas. Su especialidad era la foto del recuerdo, la del novio con mirada embelesada, la señora matrona de la casa, los novios recién casados, la foto del primocomulgante buscando a Jesús con la mirada hacia los cielos, la de la niñita que estrenó su disfraz de Caperucita Roja y no había razón en el mundo que la hiciera reír. No faltó nunca el retrato del político, solo o la imagen en grupo.
En 1939 llegó a Caracas Stanislaw Cekota de Checoslovaquia, con la II Guerra Mundial. Se aclara que aunque en la actualidad Checa y Eslovaquia son dos repúblicas separadas, para Cekota fue lo mismo. Al punto que cuando regresó a Europa después de la división, no supo con exactitud de qué parte era. En marzo de 1940, Cekota se estableció en el local 2, de Gradillas a Sociedad, y se inspiró en el nombre de su hija Danuska para nombrar el negocio dedicado a la fotografía: Dana. Pero ocurre que el progreso es inexorable y lo urgente no da tiempo a lo importante. Ayer no más fue el último día de Foto Dana, y tanto Santina de Cekota como el fotógrafo Luis Medina (sucesor en el oficio) abandonaron el local, dejando a discreción de coleccionistas y anticuarios el mobiliario y equipos con los cuales el estudio funcionó durante casi sesenta años.

Actualmente, tomar y tomarse una foto es lo más sencillo del mundo. No hay excusas para dejar de tener los retratos tipo carnet. Poseer una postal del ser amado no causa asombro. De hecho, el avance tecnológico ha hecho posible la aparición de cámaras tan inteligentes que son capaces de halarle las orejas si enfoca mal o si olvida encender el flash. Stanislaw Cekota era de aquellos que habían hecho de la fotografía un verdadero arte del recuerdo. Colocar las lámparas, lograr que la luz saliera del fondo después de haber rebotado contra la pared, jugar con las sombras. Muchas fueron las advertencias: "Tengo un ojo más grande que el otro", y había que resolver el rostro en tres cuartos. "Odio mi nariz" o "detesto estos labios tan gruesos", y así la cámara se tornaba en fino bisturí para disimular los rasgos que sólo el portador del rostro sentía como defectos. Rostros en la memoria
Santina Ardila nació en San Cristóbal. "Tuve un tío, Rafael Vicente Dulcey, que fue el mejor fotógrafo de San Cristóbal. Rafael Vicente Dulcey, abrió su negocio en 1916, el mismo año en que su colega Antonio Merchán, el ermitaño, presidía el club de Béisbol Los Andes. Pues esto de los fotógrafos ha tenido que ver con los sitios de la ciudad y con el deporte. El hizo que supiéramos de fotografía. Cuando papá murió, nos vinimos a Caracas, y él era muy amigo de González Vidal, fundador del estudio Luz y sombra. Por él supe que Cekota buscaba una persona que le atendiera los clientes. Me vine a trabajar con él, y en el año 49 nos casamos. Y empecé de lleno y más nunca me moví".
Por su parte, Luis Medina entró a trabajar en Foto Dana cuando apenas tenía 14 años, por lo cual dice que "la fotografía no tiene secretos para mí. Yo salí de sexto grado a estudiar bachillerato, y entré a trabajar en el laboratorio Farma. El señor que llevaba la contabilidad también trabajaba para Cekota y me trajo a Dana. Empecé limpiando, y a los cuatro meses al laboratorio. Muchos me consideran el mejor laboratorista". Cuenta Medina que en la época de la guerra no se conseguían películas, y tenían que improvisarlas con vidrio y material yodado.

De modo que Foto Dana conoció la coloración de la foto en sepia, trabajo que hacía Santina usando los pigmentos Marshall. "Uno se acostumbra tanto a ver a las personas que se tienen los colores en la mente. Ahora todo es más fácil, pero la verdadera foto es la que separa el cuerpo del fondo", explica Santina.
Quedarán para el recuerdo las miles de fotografías que nunca fueron reclamadas, entre las que están varias de políticos y personajes de sociedad. Toda la Caracas exquisita pasó y posó para esas lentes. "Cekota murió en el 92, de 94 años de edad", recuerda Santina.
De los años que compartieron en Foto Dana recuerdan algunas anécdotas, que van desde la llegada del que pregunta con candidez "aquí se toman fotos?", hasta cuentos -de hace añales- como los siguientes:
Una señora vino con su nuera para retratar a la nieta. La señora insistía en que la nuera lo que quería era gastar la plata, hasta que vio la calidad de las fotos.
Un señor, después de hacerse las fotos, no le gustaron las pruebas. Lo convencimos y luego de ver el trabajo que hacíamos, nos dio cincuenta mil bolívares: "Haga usted lo que quiera hasta que sume esta cantidad". Esto fue hace como veinte años.
Pusimos la foto de un niño en exhibición. Vino un señor pidiendo comprar la foto de su hijo, pero no se pudo vender, porque el trabajo lo mandó a hacer la mamá. Al tiempo vino otro señor con lo mismo, y luego otro. Tuvimos que llamar a la señora para que arreglara ese problema de los tres papás. Con unas tarjetas de bautizo, una señora vino buscando sus pruebas. No las encontramos. Resulta que otra persona usó la foto de ese niño para sus tarjetas.
Un muchacho se hizo una foto muy abrazado con una chica. Se puso en exhibición. Vino una señora a comprar la foto, porque el chico era casado con otra y la esposa se podía enterar.
"Aquí le traigo esta foto -de frente- para que me la saque de perfil".
"¿Con esta foto -tan serio- me puede sacar una sonriente?".
-Son experiencias únicas que uno tiene- dicen riendo Santina y Luis

Ana María Hernández G.
El Universal


 
 
 
 
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