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TACHIRENSIDAD
 


Fiesta del Patrono

El 20 de enero es la fiesta del patrono de la ciudad. Es el mismo de Caracas, el glorioso mártir San Sebastián, cuya imagen  medio desnuda y atravesada por agudas flechas llamaba profundamente nuestra atención de pequeños cuando era sacada en procesión por las calles. Siempre nos ha parecido extraño que siendo San Cristóbal en nombre de la ciudad, tenga como patrono a San Sebastián; pero esta es  materia que corresponde aclarar a los aficionados historiadores y cronistas eclesiásticos.
A la misa de San Sebastián, oficiada por el señor Obispo, asisten los representantes de la Asamblea Legislativa, del Ejecutivo del Estado, de la Municipalidad y de todas las organizaciones religiosas. A la hora de la Elevación, se enciende en la puerta de la Catedral la mecha de una
colosal recámara que va desde allí al Parque Sucre, al cual da la vuelta, baja por el Club Táchira para torcer hacia la Plaza Bolívar, en donde después de darle la vuelta, termina en la puerta del Mercado Cubierto con una ensordecedora explosión. Esa recámara recorre en total 17 cuadras y llena de ruido y humo a toda la ciudad.
En las proximidades del 20 de enero, día de San Sebastián, patrono de la Villa de San Cristóbal, empezaban a asomar por la cuesta de Zorca, las largas recuas de mulas cargadas de precioso <<batán>> constituido por cobijas de lanas olorosas a oveja recién esquilada, ruanas confortantes, sobrecamas,  sillas de montar, bocadillos de Vélez,  confites, dulces abrillantados, bandolines, triples y guitarras y el provocativo queso reinoso.
El <<batán>>  se colocaba antes en plena calle, alrededor de la plaza Bolívar, para su venta. Una parte de la calzada se distribuía equitativamente por puestos y, de acuerdo con la clase de mercancía, se ponía en el suelo sobre sus propios empaques o en mesas temblequeantes sobre las cuales  aparecía un peso o balanzas y un filoso cuchillo para cortar la carne y el queso. Empiezan a verse por las calles adyacentes al marcado los pintorescos  toldos de los vendedores – principalmente mujeres y las frutas frescas que vienen de todos los rincones del Estado, como los nísperos de San Antonio, los mamones de Ureña, las uvas de Lobatera, las piñas de Los Capachos, las chirimoyas de Queniquea y de La Grita y toda esa fiesta de colores y aromas que son regalo de la vista y placer del paladar.
 Tal vez las fiestas de San Cristóbal no tengan ahora el brillo y la esplendidez de aquellas que nosotros conocimos o sean, como viene ocurriendo en los últimos años, más actuales, suntuosas y modernas que aquéllas; mas, el hecho de celebrarlas todos los años revela que el pueblo del Táchira, ese noble pueblo que es centinela de la patria y abanderado del civismo en todos los tiempos, guarda sus tradiciones religioso empeño y con singular cariño, porque sus costumbres sanas y edificantes son herencia querida que ha recogido de sus antepasados para mantenerlas siempre vigentes y trasmitirlas a los que vienen detrás, como vivo y perenne  ejemplo de amor por la tierra nativa, semilla fecundada de patriotismo sincero y alto.

Fuente: Anselmo Amando / Así era la vida en San Cristóbal.
Foto: Luis Hernandez / Cien Años de Historia.



 
 
 
 
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