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ASI NOS CONTARON
 

El Sol de Los Andes

A mediados de 1928, mi padre ya cansado de aquella vida casi a la intemperie, en pleno páramo y con ocho (8) hijos a cuestas, optó por residenciarse en el pintoresco pueblito de Cordero a donde había sido transferido para la construcción de un puente colgante en la quebrada de "La Cordera", a 6 km. de Táriba.
Mi padre instaló una tienda de víveres, refresquería, panadería y una bomba de gasolina. "El Sol de Los Andes" en Cordero y fue durante muchos años el sitio de parada de autobuses y camiones que iniciaban su travesía por la nueva Carretera Trasandina, y también fue la fuente de ingresos de mis padres para levantar y educar esa gran familia de los Vivas Vivas compuesta por 15 hermanos, 9 varones y 6 hembras.
La panadería la atendía personalmente "Blancamaría" (mi madre), con la ayuda de su asistente la Señora Antonia Carrero. Disponían de un gran salón donde se amasaba el pan y se preparaban mantecadas, quesadillas, cucas o paledonias, etc., y un horno de ladrillos refractarios construido por mi padre el cual se calentaba con leña.
Dos veces a la semana había amasijo de pan y recuerdo que una de nuestras obligaciones ese día era ir a los cafetales vecinos a recolectar matas de escobilla para fabricar los escobillones con los que se barrían las brasas y cenizas de la solera del horno antes de introducir el pan.
En cuanto a la bomba de gasolina, mi padre logró una concesión de la "Shell Caribbean Petroleum Company" para la distribución de lubricantes y combustible.
A grandes rasgos la bomba de gasolina consistía en:
Un depósito metálico subterráneo con una capacidad de 2.000 a 2.500 litros aproximadamente. Una estructura metálica cilíndrica de 1.5 metros de altura. Al final de la estructura estaba instalado un cilindro de vidrio con una capacidad para 50 litros y tenía incorporada una escala graduada de 0 a –50, de 5 en 5 litros. Una bomba manual de succión que funcionaba con una leva, la cual al moverse alternativamente aspiraba gasolina del tanque subterráneo y llenaba el recipiente de cristal. Una manguera de goma instalada en el fondo del recipiente de vidrio con pico de cierre manual.
El suministro de gasolina era muy simple: se introducía una manguera en el tanque del carro, simultáneamente en la escala graduada en el cilindro de cristal se controlaba la cantidad de litros despachados. Terminado el servicio se accionaba la leva para llenar de nuevo el recipiente.

Como complemento a la bomba de gasolina mi padre compró un pequeño autobús al que también bautizó como "El Sol de Los Andes" y se usaba como transporte de pasajeros entre Táriba y Cordero, donde se cobraba una locha (12.5 céntimos) por pasaje, salvo un día en la semana en que se le quitaban las butacas y se usaba para llevar tambores metálicos vacíos y traerlos llenos de gasolina desde Estación Táchira, hoy San Félix.
Esta gasolina se le compraba a la Shell Caribbean en sus oficinas de Estación Táchira, la cual a su vez era traída de los campos petroleros del Sur del Estado Zulia, "Casigua" y "El Cubo" utilizando el "Gran Ferrocarril del Táchira", el cual lamentablemente prestó sus servicios hasta 1.955 y del cual hablaré detalladamente más adelante.
Nota: hoy día, en el Museo del Transporte de Caracas, se encuentra como reliquia, una bomba de gasolina, muy similar a la de Cordero, son tan parecidas, que yo cuando la vi, tuve la sensación de estar frente a la bomba de "El Sol de Los Andes". ¿Será la misma?

La foto de este post es la de la auténtica bomba de El Sol de Los Andes.
Fuente: Rafael Vivas Vivas / elsoldelosandes.blogspot.com

 
 
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