El oficio de Sereno - #Tochadasnetve

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Se origina la figura del SERENO para cubrir la necesidad de proteger a las personas de noche por las calles y aún la de sus casas y propiedades,  asegurando así, su tranquilidad.  Además de alertar a las autoridades, en su caso y recibir el encargo de llamar al médico o al boticario, entre otros, también tenían la obligación de anunciar todas las horas durante  su horario de trabajo y lo hacía entonando así; "Alabadooo seaaa Diooss!"  "Tal hora, es. . ." y "sereno", si era el caso de estar la noche tranquila, si estaba nublado u otro estado atmosférico así lo hacía saber. Había la costumbre de que, el que quería madrugar a determinada hora dejaba en la puerta de su casa una "señal",  si quería  levantarse a las cuatro de la madrugada, tenía que dejar en su puerta cuatro piedras y así el sereno cantaba la hora en su puerta.
Los primeros serenos empezaron a desarrollar sus funciones en el año 1715, donde se documenta por primera vez dicho oficio, incluido en un Real Decreto fechado el 16 de septiembre de 1834 donde se regulaba la función de los serenos en las capitales de provincia, desapareciendo prácticamente en su totalidad a finales del siglo XX.
En América Latina, con la influencia española, también se generó está figura la cual popularmente aún se nombra en algunos países, pero ha revestido un cambio, por lo que ahora son denominados "vigilantes nocturnos".
En su recorrido, cantaba la hora,  primero,  delante del ayuntamiento,  segundo,  delante de la casa del alcalde y tercero, delante de la casa de los concejales, cada hora, dando la vuelta al  circuito que tenía.

La figura del sereno dependía de los ayuntamientos, haciendo ineludibles las exigencias del contrato y las condiciones para su acceso eran: No poseer ningún establecimiento, dejar un depósito monetario,  como fianza  por posibles faltas cometidas en el desempeño de su cargo.
Los reglamentos les imponían, con precisión, sobre que debían hacer en caso de incendio, robo u otra alerta;  puerta, ventana,  tienda o edificio abierto durante la noche, perros ladrando o aullando, gritos u otros ruidos que turbaran la paz  y el descanso del vecindario.  No podían pararse a hablar con nadie para no distraerse de su ruta. No podían entrar  en ninguna casa, ni siquiera la propia,  mientras durase su horario de vigilancia.
Por parte de los ayuntamientos,  se les entregaba para las necesidades de su tipo de trabajo nocturno; un farol,  un capote  y una gorra,  un cinto con una porra,  una matraca y un pito para alertar en caso de incendio.  Esto era más  propio en las ciudades.
En sus inicios el sereno vivía únicamente de las donaciones o propinas de los vecinos de los pueblos donde llevaban a cabo sus funciones, aunque progresivamente llegaron a percibir un sueldo, además de dinero por el gasto de aceite del farol.

Este oficio fue en ésa época, uno de los más populares, entrañables y reconocidos.  Aunque según  localidades había unas costumbres y responsabilidades.  Generalmente,  tenían el encargo de encender las farolas de las calles cuando anochecía y de apagarlas al amanecer.  También,   sobre todo en las ciudades,  tenían las llaves de los portales por si algún vecino tenía la necesidad durante la noche.
La llegada de la luz eléctrica dejó fuera de servicio las farolas antiguas y el oficio se fue perdiendo,  con la introducción de porteros automáticos y la incorporación de otras vigilancias,  como policía local….


 
 
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