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El oficio del Arriero en Venezuela

En los inicios del colonialismo venezolano, se fundaron algunos pueblos basados en el interés exclusivo de la minería que pautaron el establecimiento de los primeros asentamientos de ciudades en territorio de lo que es hoy Venezuela y que sirvió para extenderse desde el Oriente hasta Occidente.
Los aspectos socio-económicos que indudablemente existieron en dicho proceso ingresando en ello la agricultura, la ganadería y el comercio en general llegando a extenderse por gran parte de ese vasto territorio continental.
No obstante, más allá de Maracaibo, los suelos Occidentales (Andes), estuvieron totalmente ignorados por Venezuela hasta que se le ordena a Juan Maldonado a fundar San Cristóbal, es así, como desde la Nueva Granada se asume el poblamiento de los Andes.

Dentro de ese proceso de poblamiento se fue haciendo necesario el establecimiento de vías de comunicación entre las ciudades y pueblos fundados por los españoles. Esto se originó debido al intercambio tanto minero, ganadero, agrícola y comercial que se generó en toda la América española y que trajo como consecuencia el establecimiento, en principio, de caminos y trochas muchas veces pertenecientes a los antiguos caminos de indios que sirvieran para movilizar las mercaderías y el ganado que se producían en todas estas regiones y que con el tiempo se convirtió en un proceso de exportación e importación, derivando un fortalecimiento de las economías de todos estos pueblos.

Por tanto, fue así como aparecieron los caminos reales y más tarde caminos nacionales considerados de largas distancias o corta distancia. Para ello, el tipo de transporte que más se utilizó fue el mular por ser el de mayor resistencia para el traslado de carga entre largas distancias, y también nace el oficio de arriero que fueron aquellos hombres de alpargata que tuvieron a su cargo la importante empresa de mantener comunicado el territorio venezolano desde aproximadamente el siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX. Gracias a su empuje y tesón llevaron a lomo de mula los productos de las haciendas, hatos, vegas y conucos hacia centros poblados, y desde estos traían a su regreso las mercancías que se necesitaban en los campos.
En los Andes, el centro, los llanos y el oriente del país existían grandes arreos de mula y yuntas de bueyes, sobre los cuales se transportaba una parte de la civilización hasta los rincones más apartados. Cartas, encomiendas, valores mercantiles, periódicos, buenas y malas noticias, entre otros, tenían en el arriero su principal depositario. De carácter temerario y dicharachero, los arrieros se conocían al dedillo aquellos desolados caminos, cuidaban de sus bestias como a sí mismos y daban vida a las posadas y pulperías situadas al término de la distancia.

El personal que dirigía el conjunto o arreo de mulas estaba compuesto por varios arrieros, empezando por el arriero “sabanero” encargado de darle de comer a las bestias, el arriero “cargador” o “aviador” cuyo oficio era el de prevenir las situaciones anormales que aparecieran en el camino y que fueran a perjudicar las bestias y controlar la carga y descarga de la mercancía que llevaban las mulas, igualmente era el responsable de que la carga llegase bien a su destino, el “atajador” controlaba el paso de las mulas haciendo que estas fueran por el mismo sendero, Todos ellos andaban de a caballo, si la travesía era por llanuras (sabanas) o de a pie si se hacía por selvas, montañas, (a este tipo de arriero se les llamaba "cagones" por ser su costumbre usar pantalones cortos) y eran dirigidos por un capataz de arrieros, quien era un hombre de máxima confianza del dueño del arreo.

Con el pasar del tiempo, el crecimiento del transporte mular y caballar en todo el país fue extendiéndose hasta llegar a los Andes Táchirenses, allí se dio un fenómeno poblacional como fue la aparición de grupos familiares a orillas de los caminos de recua, consolidándose algunos pueblos, como Pregonero, Queniquea, San Simón, San José de Bolívar, San Antonio de Caparo -entre otros, que sirvieron en su momento de punto de descanso y de comercio hasta la aparición de fincas, haciendas y conucos que sirvieron de eje del desarrollo de estos asentamientos.

Fuente: Universidad de los Andes / El Desafío de la Historia.





 
 
 
 
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