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ASI NOS CONTARON
 

El Lápiz y los Espíritus

Iraima era una chica que estudiaba en la católica  a finales de los 70, era buen estudiante pero por andar de de fiesta en fiesta había bajado bastante su promedio,  ella era oriunda del llano sus padres le pagaban la universidad y la residencia en San Cristóbal, era muy amiga de Francis su compañera de cuarto, quien siempre le aconsejaba que intentara estudiar bastante y pensara en el esfuerzo que hacían sus padres al pagar tan costosa universidad. A final de año con desesperación y buscando la solución o un milagro para pasar los últimos exámenes, les comentaba su situación a todos sus compañeros para que le sugirieran un método para pasar, en una de esas salidas con sus amigos una de las compañeras le dice:
-¿tú eres creyente?
-¿creyente de qué?
-bueno de ¡Dios!
-claro, ¡claro!
-Bueno hay una señora que es buenísima y vive por la concordia que reza los lápices muchos aquí van  para que se los recen y han pasado todas las materias sin ningún problema, si quieres te llevo
-claro, llévame para allá, en estos momentos todas las ayudas son bienvenidas.
Al otro día Iraima muy puntual llego a la casa de su amiga para partir a donde la señora que la iba a sacar de su apuro. Cuando llegaron a la casa, era un lugar bastante tétrico, una vivienda abandonada por los años y oscura con un olor fuerte a hierbas, les abre una señora mayor donde las mira  y les pregunta:
-sí, ¿dígame?

-disculpe señora, somos estudiantes, venimos a ver si usted nos ayuda con un rezo para pasar las materias
-Pasen
Iraima no dejaba de temblar nunca había estado en un lugar así, le indica la señora que se sienten, en un corredor lleno de velas y revistas muy antiguas. Cuando pasa, le pide la señora que le dé el lápiz que quiere rezar, al iniciar los rezos, Iraima empieza a sentirse mal, como mareada, cuando termina el rezo al lápiz, intenta pararse y cae a los pies de la señora. Cuando despierta estaba en el sofá donde había esperado antes de entrar, la adivina le indica que no se asuste; que así actúan los espíritus, que ya lo que le queda es presentar los exámenes con ese lápiz y pasara todas las materias.
Los días pasaron y Iraima con un poco de pesimismo presenta los exámenes, pero para su sorpresa los pasa todos, no cabía de la emoción, le había funcionado el lápiz, al salir de vacaciones ya podía dedicarse más a sus amigos y su novio. Para celebrar que había pasado decide salir con su novio a pasear quien se llamaba Gilbert la lleva a la conocida loma de viento a contemplar la ciudad, cuando la intenta besar nuevamente pierde el conocimiento, al despertar se encuentra sola en el auto sin recordar absolutamente nada, cuando ve a Gilbert sentado a bastante distancia del carro se levanta y le pregunta:
-¿Qué sucede?

-el Joven con  voz temblorosa le pregunta: ¿eres tu Iraima?
-Pues Claro ¿quién mas va ser? Bobo.
Es que de pronto empezaste hablar extraño y me empujaste diciéndome groserías y actuando como si fueras un hombre, es más, mira mi brazo me aruñaste.
Iraima le ve el brazo a Gilbert y nota fuertes aruñetazos, pero era bastante ilógico ya que ella solía comerse las uñas por los nervios.
Pasaron los días, y cada vez que Gilbert intentaba tocarla ella perdía el conocimiento y luego le contaban  que reaccionaba extraño, la voz le cambiaba y pedía licor.
La situación fue empeorando y al transcurrir el tiempo fue perdiendo amistades, incluso el amor de Gilbert, ya la manifestación se identificaba como "el negro Felipe", su compañera de cuarto se adapto tanto a la situación que siempre tenía una botella de miche blanco escondida para cuando le diera el ataque tener con que apaciguar el espíritu.

Pasaba el tiempo y su familia preocupada reunió como pudo dinero para enviarla a Roma a que se viera con el Papa, cuestión que hizo que lo que fuera, se calmara o se fuera de Iraima.
Con los años  logro casarse y tener una niña, su compañera de cuarto quien mantuvo por un tiempo estrecha amistad, la visitaba pero con cierta angustia, ya que ella también había tenido familia, pero muy curiosamente su bebe quien era algunos años menor que la niña de Iraima no soportaba entrar a la casa de ella, desde que llegaba hasta que se iba lloraba desconsoladamente.
Nunca supo cómo era realmente la niña ya que cuando ella llegaba nunca se acercaba lo suficiente, tenía el cabello muy largo y negro, para tener 3 años y  era blanca como la leche, nunca la vio sonreír,  pasado el tiempo fue alejándose de Iraima, ya que no se sentía cómoda en su presencia a pesar de que no habían vuelto a ocurrir aquellos acontecimientos, se volvieron a ver en el funeral del esposo de Iraima, quien murió de un infarto fulminante. Esta es la fecha y Francis no volvió a saber más de ella, lo último que supo fue que se fue a su natal portuguesa.

Fuente propia tochadas.net


 
 
 
 
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