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ASI NOS CONTARON
 

El Invitado de Capacho

Hace unos meses visite a mi madrina Isabel en Libertad, pueblo tachirense de calles inclinadas y clima fresco, famoso por su "piñita", mejor conocido como Capacho Viejo. Al borde de la carretera San Cristóbal – San Antonio se encuentra de un lado la plaza y del otro la iglesia recién construida. Su amable gente se dedica a la agricultura y a la artesanía.
Una mañana acompañe a mi madrina al cementerio. La niebla se estaba dispersando y apenas despuntaban unos rayos de sol. Caminamos por los senderos del bien cuidado cementerio hasta llegar a la tumba de la familia. Me llamo la atención una anciana que oraba. Con os ojos quise interrogar  a mi madrina y ella por señas me dijo que esperara. Ayude a limpiar, a colocar las flores y me fije en la tumba de al lado, en ella había claveles recién cortados y la anciana había desaparecido. Espere que mi madrina terminara sus oraciones, pregunte:
-¿Quién es?
-Es la señorita Lucía, mejor dicho señora.
-¿Cómo es eso? – interrogue curiosa.
-Es una extraña historia: "Cuando Lucía era muy joven conoció a un muchacho del pueblo llamado Esteban que acababa de regresar de la capital después de haber terminado sus estudios. Se encontraron y el amor los envolvió, pronto de comprometieron y fijaron fecha del matrimonio.
Una tarde Esteban y Lucía vinieron al cementerio a visitar a sus parientes fallecidos y como nosotros, les trajeron flores. En ese tiempo estaban remodelando el camposanto, había varias tumbas abiertas y huesos en los senderos. Esteban tropezó con una calavera y por hacerse el gracioso delante de la novia, hizo una reverencia y dijo:
-¡Buenas tardes, amigo! Perdone, he tropezado con usted. Lo invito formalmente a mi matrimonio, esta es mi futura esposa.
Lucia no pronuncio palabra, pero un escalofrió recorrió todo su cuerpo. Al salir del cementerio dijo casi como un susurro:
-No me gusto lo que hiciste, me parece una irreverencia, con los muertos no se juega.
Él rió divertido y cambio la conversación.
Al mes siguiente se casaron. Después de la ceremonia religiosa que estuvo muy concurrida, todos los invitados llegaron a la casa de la novia. Era una hermosa casa colonial de amplios corredores y gran  patio con flores. Las mesas estaban dispuestas alrededor del patio y adornadas con nardos y claveles. Los invitados disfrutaban de la reunión, comieron bebieron sabrosos alimentos de la región mientras una orquesta típica interpretaba melodías de la tierra. La alegría era desbordante, los novios bailaron el primer vals ante la euforia de los invitados, luego, todos danzaban. Un invitado pidió permiso al novio para bailar con Lucía, Esteban asintió con la cabeza y vio como su esposa bailaba con el desconocido. Era un joven apuesto y bien trajeado, tenía que ser persona culta y adinerada, danzaba admirablemente y todos se detuvieron a contemplarlos. Él sonreía y Lucia también, pero estaba pálida, parecía muy frágil. Luego bailaron otra pieza, y otra… y otra… Esteban estaba molesto se acerco a la pareja para decirles que descansaran. El desconocido dijo:

-No estamos cansados.
Esteban miro a su esposa, parecía que iba a desmayarse, la tomo del brazo y la ayudo a sentarse, le dijo:
-¿Estás bien, mi amor?
-Sí, nada más que un poco cansada, no te preocupes.
-¿Conoces al joven?, ¿es tu invitado?
-No.
-Yo tampoco lo conozco, ¿Quién será?
-Lo ignoro, pero ¿Quién lo habrá invitado?
Esteban rápidamente se dirigió al desconocido resuelto a descifrar el enigma.
-Por favor, dígame ¿Cuál es su nombre?
-Juan Chacón para servirle, mucho gusto.
-Esteban Ramírez… ¿Quién lo ha invitado? – se estremeció con el contacto de la mano fría del extraño.
-Usted mismo.
-¿Yooo…? No lo recuerdo.
-Le voy a refrescar la memoria: Hace un mes usted y su esposa paseaban por el camposanto y tropezó con un esqueleto que tenía los huesos sueltos, le dio un puntapié a la calavera y casi se cae. Pidió disculpas y luego lo invito a su matrimonio, por eso, estoy aquí, soy su invitado.
El desconocido se esfumo y Esteban cayó al suelo. Lo auxiliaron y recibió atención médica, pero todo en vano. Murió al instante.
Esta anciana que acabas de ver es Lucía, viene siempre a traerle flores a su amado esposo. A pesar de los años se conserva bella. No quiso volver a casarse, habrás observado que camina como entre nubes, siempre fiel al recuerdo de su triste amor.

Fuente: Lolita Robles de Mora Leyendas del Táchira.


 
 
 
 
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